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blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

La mano que empuja el lápiz

La culpa es de Borges, sí, pero otros hubieron antes que él (Don Quijote, ya sé), y, mejor que eso, muchos habrá después de él, pero a esta altura, cuando uno ya está más acostumbrado a leer de Borges sus adorables boutades antes que sus no menos adorables ensayos poemáticos, hay que pensar en Vila-Matas.
Ya no recuerdo cuál fue la primera referencia que tuve de EV-M, pero estoy casi seguro de haber pensado que era otro gallego vendehumo, aunque el hombre es más bien catalán y en tiempos de crisis global, de gripe porcina, de estanflación, no está el horno como para quitarle méritos a los vendedores de humo.
Sin embargo, leí La asesina ilustrada y a falta de más Vila-Matas volví a leerlo y ahora mismo lo apunto para una nueva relectura. En esa pequeña joya, que ya tiene más de treinta años, se atisbaba el talento de ese muchacho del que todo el mundo habla.  Pero yo no soy todo el mundo ni tengo demasiadas ganas de hablar de él sino de ese monstruo llamado metatextualidad.
¿Conocen a alguien que antes y después de ver una película o el capítulo de una serie quiera saberlo todo? Me refiero a ese infeliz que frunce el ceño cuando no sabe quién escribió éste o aquél guión, el que se come todos los créditos con tal de averiguar un detalle oculto. Yo soy ese y sé que esa meticulosidad a la hora de buscar falsos enigmas, guiños más o menos velados a obras o a personajes más o menos conocidos de ayer y de siempre, es previa a mi conocimiento de Vila-Matas y para nada imputable a este buen hombre. Sin embargo me gusta echarle la culpa a él.
Mirando The Sopranos, y a la caza de esas continuidades, me maravillé el día que supe que Michael Imperioli, uno de los protagonistas, el napia que representa a Christopher Moltisanti, había sido, en Goodfellas, el mozo que se comía en uno de sus pies el disparo del revólver iracundo de Joe Pesci. En el film De Niro celebraba que el muchachito, pese a todo, le hiciera frente al más cortito de los mafiosos. Moltisanti, pichón de mafioso al fin, se cobraba tardía venganza sobre una víctima inocente en un episodio de The Sopranos: un certero y no menos inoportuno disparo en el pie de un dependiente de panadería. Genial.

michael_imperioli
Pero la cosa no termina allí. Moltisanti es el joven e impetuoso sobrino que se perfila como heredero de Tony Soprano y como buen joven, todavía ajeno a la posibilidad que el futuro en el negocio le ofrece, busca su destino. Quiere ser guionista de cine. De películas de mafiosos. Alguna vez, a propósito de ese improbable destino, asiste a un taller de actuación para guionistas. A la hora de las presentaciones (esa cosa del taller que tanto lo asimilan a un grupo de alcohólicos en recuperación), el tipo bate la justa: yo no escribo, apenas leí un libro que se llama Escriba su guión en 21 días y estoy acá porque este es un regalo de mi novia. Se trata de un momento maravilloso: hay un atisbo de burla en el resto de los talleristas. Escribir es cosa seria, ¿no? Ojalá pudiera uno aprender el oficio con un libro de Dale Carnegie.
Me acordé de ese brillante film de Woody Allen que fue Bullets over Broadway, en el que Chazz Palminteri compone a un gangster capaz de sacar de aprietos de dramaturgia a un escritor infértil. Pero sólo regocijé mi corazón el día en que vi algún episodio de The Sopranos que en los créditos informaba written by ¡Michael Imperioli!

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