Textos de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

Intemperie/5

In -rtf-, Hipomanía on 15 15UTC Julio 15UTC 2008 at 9:28 pm

No te preocupes, me dijo alguien alguna vez, los hechizos no se rompen, se transforman, y no le creí. O sí, me lo tomé a pie juntillas y vi desbarrancarse amores, amoríos y amoritos. Vi cómo se convertían en vidrio molido. En carne reseca. En aserrín. Aserrán.
Pero acabó siendo cierto. Todo lo que ha merecido perdurar sigue allí.
Alguna vez, hace mucho de esto ya, antes de tomar mi primera comunión, tuve que confesarle mis pecados al cura del pueblo, el padre Hilario. Eran pecados sin importancia. Al menos creo haberme reservado los más graves. Y lo bien que hice. Terminé el rito y me fui corriendo hasta mi casa. Estaba en gracia de dios. Confesé, por ejemplo, que llevaba mucho tiempo sin visitar a un amigo, un amigo cercano, todo era más o menos cercano en mi pueblo. A cualquier sitio puede llegarse caminando. Sin embargo, por alguna razón yo no iba. Siempre me encontraba una excusa idónea.
Quince años después el tipo murió.
Mi madre me contó que el tipo, en su lecho de muerte, me recordó.
Quizá fue un tipo importante durante mis años niños, pero en la juventud ese recuerdo no logró conmoverme.
Era una señal, un detalle inoportuno que apenas venía a revelarme algo para lo que no estaba preparado. Los amigos se van. Y los quereres.
No dejes que esto vuelva a sucederte, pensé.
Y sigo en mis trece.

  1. Es feo perder amigos, especialmente cuando las pérdidas son tan definitivas como la muerte.

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