And if the lights are all down
Publicado por jorgemayer en 25 25e Marzo 25e 2008
Sólo una vez en la vida me vi una película de terror. No sé cuál sería, pero estoy más que seguro de que no he vuelto a verla. ¿Cómo lo sé? Ah, qué buena pregunta. Esas cosas que tiene la mente, esos hilos invisibles que atan lo esto con lo aquello y uno ni siquiera avisado de que exista lo esto, lo aquello, lo hilo. Lo invisible sí, eso está, eso es lo único cierto de todo. Es decir: que algo no se revele a los ojos no significa que no exista, al contrario; que algo se revele a los ojos es una buena razón para comenzar a desconfiar. Todo esto quizá sea para mí un consuelo, un entrenamiento para ser ciego alguna vez.
Vi una película de terror y yo apenas era una criatura. El televisor era un armatoste de un tamaño que nunca he vuelto a ver. El televisor sigue estando, como si fuera una reliquia, en el cuarto que mamá y papá reservan para mis visitas. Quizá esté cubierto por un paño, quizá esté a la intemperie y lleno de polvo, pero el temor es siempre el mismo. O uno muy parecido al que sentí aquella noche. Aunque seguramente no fue de noche que yo miré la película. Mis padres no me lo hubiesen permitido. Al cabo, nosotros siempre hemos sido una familia decente y hay quien pueda entender a la decencia por el hecho de acostarse temprano. Mi padre, por dar un ejemplo.
Debió ser por la tarde, sí, pero no se me ocurre cómo fue que pasaron una película de terror a esas horas. O quizá, y eso me da más miedo, no fue por la tarde. Quizá fue de noche que yo estuve arrodillado sobre el asiento, con los ojos casi pegados a la pantalla, apenas lo bastante lejos para hacer foco y tironeado de las orejas para estar más cerca del parlante y escuchar el volumen misérrimo que la noche permitía.
Sí, era de noche. Por alguna excusa dejé la cama. Debí tener ganas de hacer pis. Pasé por la sala y vi el inmenso cajón de muerto, como mamá lo ha llamado todos estos años, y la tentación me llamó por mi nombre. Yo dije sí. Yo tomé una de las sillas de la sala y la llevé junto al aparato. La arrimé tan cerca del mueble que no podía estarme sentado. Debía ponerme de rodillas sobre la silla para ver mejor. Para ver algo. Nunca pude haber visto todo el ancho de la pantalla desde allí. Estaba tan cerca que veía descomponerse las figuras en dibujos a rayas blancas y negras y lo peor es que hablaban. Sabe dios lo que habrán dicho.
25 25e Marzo 25e 2008 en 12:46 pm
Leyendote. Interesante y entretenido.